

A su regreso a los Estados Unidos en 1929, y mientras iniciaba su carrera literaria siendo estudiante en la Universidad George Washington, Ronald hizo su primera aparición totalmente profesional como cantante de baladas en la radio WOL. Aunque no existen grabaciones, se dice que interpretó ante los oyentes con una excelente voz de barítono y un ukelele hawaiano. Durante el resto de los años 30, continuó interpretando de forma casual, pero no perdió su destreza profesional, como lo evidenció su siguiente espacio radiofónico.
Para abreviar una historia larga y llena de aventuras: en el verano de 1940 L. Ronald Hubbard dirigió una expedición náutica que iba desde su hogar de Bremerton, Washington, hacia el norte a través del pasaje de la Columbia Británica hasta la franja del territorio de Alaska. El viaje, conducido en nombre de la Oficina Hidrográfica de la Marina de los Estados Unidos y con el propósito de trazar los mapas de canales interiores traicioneros, también había llevado a LRH en lo más profundo de los hábitats nativos americanos para la investigación etnológica. No obstante, al desembarcar en el puerto de Ketchikan en Alaska, y debido a su renombre tanto como escritor y como marinero, fue invitado otra vez a las ondas hertzianas.
La emisora era la Voz de Alaska, radio emisora KGBU, dirigida y presentada por una conocida personalidad en aquel lugar, Jimmy Britton. La emisora de radio KGBU, la única instalación de difusión de la cadena en el territorio, daba servicio a los oyentes a lo largo de toda la costa del sur de Alaska y así ofrecía varios programas para los navegantes de yate y los pescadores. El espacio de Ronald, titulado The Mail Buoy (La boya del correo), era típico. Se invitaba a los oyentes que tuvieran todo tipo de preguntas que hacer sobre temas náuticos, a dirigir tales preguntas al Maestro Marino L. Ronald Hubbard, quien rápidamente enviaba a través de las ondas sus respuestas. Pero además de su sólido consejo sobre cómo orientar las velas o la prevención del fuego a bordo, también proporcionaba distracción amena.
Una vez más, no se hicieron grabaciones. Sin embargo, las transcripciones escritas ofrecen no sólo el diálogo, sino también la letra de las baladas que escribió e interpretó. Una de sus baladas típicas es la evocadoramente bella, titulada: Wreck of the Alaskan Chief (El Naufragio del Jefe de Alaska), inspirada por la pérdida de una embarcación de una flota conservera en la costa rocosa de Dover, y según parece acompañada de una guitarra o bien de un ukelele. Es fácil imaginarse el efecto de ese suave barítono interpretando uno o dos versos de:
El siguiente en marchar fue A. M. Accue
Luchando como lo hace un lobo de mar
Más de una hora estuvo nadando en un mar helado
Y se ahogó con la tierra a la vista.Debía saber que la lucha amarga
La hacía contra la marea menguante,
Lo supo, seguramente, pero nunca se detuvo
Sino que nadando se hundió y murió.

