ómo y por qué el fundador de Scientology llegó a tener una relación tan profunda con la música, puede parecer difícil de entender, comentó un crítico hace algunos años. “Sin embargo, ha reunido una ‘big band’ (gran banda) de una elevada energía. Y al hacerlo, ha resuelto un problema tal que Buddy Rich e incluso Woody Herman no pudieron resolver: concentrar la energía de una pequeña orquesta de jazz en una ‘big band’, una hazaña que es comparable a la de ponerle arneses a un átomo”.

De hecho, L. Ronald Hubbard logró mucho más, pero el cómo y el porqué de su participación activa en este campo no es, sin duda, difícil de comprender: dado que se trata de un lenguaje realmente universal –explicaba– la música se adapta de forma ideal para “regocijar a las almas más grandes”.

Director, arreglista, músico y compositor –Ronald exploró prácticamente todos los aspectos del empeño musical. Si nunca se consideró a sí mismo un músico profesional en el sentido más estricto de la palabra, su nombre es aún sinónimo de innovación de vanguardia. Entre los primeros en explotar el potencial de la música computadorizada, la incorporación que realizó de los sonidos naturales dentro de la estructura intrínseca de las canciones, estaba no menos de una década por delante de su tiempo; en tanto que los ensayos que hizo sobre la estructura musical y la instrumentación a mediados de los 70 continúan influenciando a profesionales de todas partes. Compositor de operetas en su juventud, su nombre finalmente aparece en tres innovadores álbumes: lo que incluye también las bandas sonoras literarias enormemente originales de sus novelas más vendidas: Campo de Batalla: la Tierra y Misión: la Tierra, así como su exposición musical de Scientology, El Camino hacia la Libertad, que ha redefinido de forma convincente nuestro concepto de música religiosa. Por último, y particularmente entre grandes profesionales, el nombre de L. Ronald Hubbard tipifica una comprensión de la música: cómo esta transmite mejor la emoción, cómo entusiasma, cómo sosiega y cómo, finalmente, según él escribió, “puedes hacer lo que quieras con ella para hacer que comunique el mensaje deseado”.




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